viernes, 10 de junio de 2011

LA EDUCACIÓN Y LOS VALORES, varios autores


La lectura de este libro nos permiten considerar puntos de vistas complementarios; los diferentes autores no tienen ningún planteamiento encontrado, están de acuerdo en que la enseñanza de los valores es fundamental, aunque algunos de ellos hagan énfasis en aspectos específicos, según sus campos de acción a de preferencia. 
En primer término Adela Cortina señala que lo único que hoy puede unir a los distintos grupos en las democracias liberales, el auténtico capital social, es el de los valores morales que vale la pena incorporar y trasmitir.  Si bien el planteamiento es válido la dificultad es dilucidar cuáles son esos valores e ir forjando con ellos a través de la educación actitudes proactivas, que permitan proyectar, anticipar creativamente el futuro para tener preparadas respuestas a la altura de lo que se merecen los seres humanos. Durante el desarrollo de la humanidad hay quienes han defendido el relativismo moral mientras que otros argumentan a favor de la ley natural o de códigos de conducta mínimos que regulen las normas morales.  Quizás el último de estos intentos está contenido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que estipula pautas a respetar en el mundo con respecto a nuestros semejantes y el medio, aunque esto no está contenido en el libro.
Dice Cortina: la moral la llevamos en el cuerpo, ya que no hay ningún ser humano que pueda situarse más allá del bien y el mal morales, sino que todos somos inevitablemente morales.  Pero, a qué moral se refiere.  ¿Cuáles son esos valores que llevamos en el cuerpo, será que realmente todos los llevamos y de la misma manera, o será que cada quien tiene su propia moral según su propia formación y contexto?.  Por eso mismo la educación en valores consistiría en cultivar las condiciones que nos preparan para apropiarnos y disfrutar de ciertos valores, de manera que podamos convivir con solidaridad, justicia, libertad y disfrutar de la belleza,  impulsar nuestra creatividad y nuestro raciocinio para hacer de este mundo algo mejor.
Juan Marías plantea en “Lo bueno y lo mejor” que si todo el mundo mintiera, no se podría mentir, porque nadie creería lo que se dice.  Es decir el que falta a un deber moral, falta como una excepción a la regla. Marías hace referencia a  Ortega con su famosa frase «yo soy yo y mi circunstancia y, si no la salvo a ella, no me salvo yo»,  y también a lo que plantea Kant: el hecho de la moralidad consiste en que yo me siento responsable, yo soy responsable de lo que hago, lo cual significa que soy libre. Según estos pensamientos la moralidad es parte de cada quien y cada quien será responsable de su actuar en correspondencia con lo que piensa y cree, y a la vez deberá asumir las consecuencias.
Un planteamiento más existencial con el que estoy totalmente de acuerdo es el que hace Juan Marías:  La intensidad de la vida tiene que ser la máxima posible. Una vida sin intensidad es inmoral. El vivir por debajo de las posibilidades es vivir justamente sin la intensidad que cada cosa, cada momento y cada hora requieren, es perder la vida, destruirla, desvivirla, es a última hora la forma suprema de inmoralidad.  Si bien Marías no se refiere al límite de los valores, sino más bien al disfrute de la vida, su perspectiva se sitúa  en que durante el tiempo en que estemos en este mundo tenemos la capacidad de elegir libremente quiénes pretendemos ser, quiénes queremos ser «para siempre». Lo cual nos deja la responsabilidad de elegir sobre nuestro futuro.  Al final tanto Marías, como Kant, Ortega y otros autores coinciden en este planteamiento. Eugenio Trías por su parte nos sugiere,  que la condición humana, para realizarse como tal condición humana, exige la ética.
El cuestionamiento que se hace Adela Cortina ¿Educación para el patriotismo o para el cosmopolitismo?.  Nos permite observar las tendencias que la globalización están generando, de los nuevos valores que se promueven por los medios de comunicación.  Una tendencia a la internacionalización y a la transculturalización es evidente.  Sin embargo, coincido con Cortina en el sentido de que lo más acertado es tratar de dotar de valores universalistas a las comunidades sin privarles de su identidad.  Si Einstein se proclamó como de la raza humana,  hay muchos pueblos que necesitan proclamar su propia identidad sin dejar de pertenecer a un mundo que está en permanente cambio. Cabe en este punto hacer referencia a José Ma. Martín, quien en Educar para vivir juntos, hace énfasis en el multiculturalismo.  Señala Martín  que, el multiculturalismo de nuestras sociedades, especialmente las más avanzadas, exige que se enseñe a convivir a los diferentes. Sobre este aspecto Samuel Hunlington predice que los conflictos del futuro estarán más determinados por los factores culturales que por los económicos e ideológicos.  Y esto no es para el futuro, ya lo observamos:  ¿cuántos conflictos se están realizando en este momento en el mundo por las diferencias culturales y religiosas?  Es urgente que se enseñe a vivir a los niños, aceptando las diferencias que existen entre todos los seres humanos.  Y no caer en el ya mencionado racismo inverso, en el cual comunidades que antes eran discriminadas, ahora son las que discriminan.  O en las peligrosas visiones etnocentristas. La educación en este sentido es fundamental, se trata de humanizar la globalización, de tal manera en que podamos integrarnos al mundo, sin dejar de ser nosotros mismos.
Para finalizar, aunque pienso que se salió del marco temático del libro, comento lo que plantea Vargas Llosa, en su ensayo La literatura, vida y sociedad.  Si bien valora el desarrollo de la tecnología, los medios de comunicación e información, no deja de hacer una crítica romántica, cuando señala que no se le ocurriría recurrir a el Internet para leer los poemas de Góngora o una novela de Onetti o un ensayo de Octavio Paz, porque sabe positivamente que el efecto de esa lectura jamás sería el mismo.  Puede que tenga razón pero los tiempos y los medios cambian.  La nueva cultura de la comunicación que está cubriendo todos los ámbitos sociales y educativos de las nuevas generaciones, hacen que pongamos en duda este pensamiento.  Los jóvenes se comunican de forma muy diferente a las generaciones del siglo pasado.  En este sentido es muy posible que los valores y la forma de comprender el mundo y la sociedad, hayan evolucionado y cambien aún más.  Eso no quiere decir que se pierda de vista valores básicos para la convivencia y el futuro de la humanidad como la solidaridad o la libertad, pero es innegable, que las forma de percibir la realidad y los mecanismos de comunicación avizoran un futuro muy diferente al que estamos acostumbrados.  Pero sólo el futuro nos podrá dar la respuesta.

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